El legado de Edgar A. Poe

Al margen de la oscura vida de Poe, se le reconoce como el responsable de poner los preceptos sobre los que se ha desarrollado la novela gótica,  policiaca y de ciencia ficción. Aún mas, el concepto que tenemos de lo terrorífico lo debemos en buena medida a sus relatos.

Rechazado en su momento por los autores más importantes de su país, Edgar Allan Poe es una de las voces más altas de la poesía norteamericana de todos los tiempos. La sonoridad y ritmo de El cuervo y Anabel Lee, de acento a un tiempo estremecedor y melancólico, son pruebas de la transformación que Poe otorgó a la lírica romántica.

Pero sobre todo, Poe abrió nuevos caminos en el arte. Sin su obra, sería difícil entender conceptos desde Lovecraft hasta Tim Burton. Julio Verne habló de él como “el primer creador de historias científicas-fantásticas, gracias a su mélange de lógica y narración”.

La obra de Poe es referente de todos los movimientos sociales que tienen que ver con la noche, el terror y lo oscuro; sus cuentos inspiraron pinturas de Manet y composiciones de Rachmaninov, Ravel y Debussy. Recientemente, la banda de rock progresivo Dream Theater y los españoles Radio Futura musicalizaron la historia de Anabel Lee y The Alan Parson´s Project dedicó un disco a sus cuentos de misterio.

Su vida, marcada por su inadaptación a la sociedad norteamericana que comenzaba a tomar su forma actual, fue de padecimientos y penurias. Uno de sus más acérrimos defensores, Charles Baudelaire, traductor de toda su obra al francés (en español, la equivalencia de ese trabajo le corresponde a Julio Cortázar) escribió respecto a ello:

“Estados Unidos sólo fueron para Poe una vasta cárcel, que él recorría con la agitación febril de un ser creado para respirar en un mundo más elevado que el de una barbarie alumbrada con gas… he adquirido la convicción de que Edgar A. Poe y su patria no estaban al mismo nivel. Los Estados Unidos son un país gigantesco e infantil… Orgulloso de su desarrollo material, anormal y casi monstruoso, ese recién llegado a la Historia tiene una fe ingenua en la omnipotencia de la industria… La actividad material, exagerada hasta adquirir las proporciones de una manía nacional, deja en los espíritus muy poco sitio para las cosas no terrenas”.

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