Según las propias cifras de la procuraduría capitalina, diariamente se cometen y denuncian en la ciudad 440 delitos, de los cuales se investigan sólo 49.

Karla Cortéz Lucio
Fotos: Rodrigo Villa

 

crimen en la ciudad

Punto neural de los mexicanos, la ciudad de México ocupa siempre los primeros lugares en casi todos los males endémicos de la nación. El crimen no es la excepción. Además de la espiral de violencia relacionada con el narcotráfico que ha azotado en los últimos años a todos los rincones del país, los capitalinos vivimos a diario un clima de inseguridad tan arraigado que nos pasa desapercibido; por otro lado, tan complejo que para las autoridades no ha sido posible no ya reducir las tazas delictivas, sino al menos evitar que sigan creciendo.

La última encuesta del Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad (ICESI), realizada en el 2008, coloca al Distrito Federal con el mayor índice de actos delictivos en comparación con las 16 zonas urbanas que conforman la República Mexicana.

De acuerdo a los datos que ofrece la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF), los crímenes más comunes son el robo en todas sus modalidades (a transeúnte, transporte, vehículos, casa habitación y negocios). Le siguen el homicidio y las lesiones dolosas; luego, la violación.

Cada año, según las propias cifras de la PGJDF, se reciben 160 mil denuncias de crímenes, de las cuales, tiene capacidad de procesar tan sólo 18 mil. Eso significa que a diario, se cometen y denuncian un promedio de 440 delitos, de los cuales sólo se investigan y resuelven 49. Esos datos explican en parte el crecimiento y desarrollo de la delincuencia: la probabilidad de asaltar a alguien y luego ser capturado es bajísima. Aunado a ello, están los males del sistema de justicia que los capitalinos ya tomamos como moneda corriente: ministerios públicos corruptos, policías abusivos, peritos ineficientes, investigadores judiciales francamente intimidantes y la percepción de que denunciar o no hacerlo, trae los mismos resultados.

Según ese mismo estudio del ICESI, 18 de cada 100 delitos que se cometen en la ciudad de México son violentos; el transporte público y la calle son percibidos como los ámbitos más inseguros; uno de cada dos capitalinos teme usar joyas, salir de noche o llevar consigo dinero en efectivo; la mitad de la población siente que la criminalidad ha afectado su calidad de vida.

Las delegaciones con los índices de delincuencia más altos son Iztapalapa, Azcapotzalco, Miguel Hidalgo, Cuauhtémoc, Benito Juárez, Coyoacán y Cuajimalpa, pero en toda la zona conurbana se percibe el mismo clima de inseguridad.

Como medida para combatir el crimen, los gobiernos de la ciudad han implementado más policías en nuevas modalidades (vestidos de charros, manejando jeeps, patrullando en patines…); además, se han establecido premios para los cuerpos de seguridad, que se entregan de manera proporcional al número de detenciones que éstos realizan; se ha proyectado aumentar los castigos y reducir la edad penal de los menores infractores hasta los 12 años.

Poco o nada ha sido el resultado de todas esas iniciativas. Peor aún: al institucionalizarse, han creado problemas secundarios. Mientras, los capitalinos seguimos viviendo inmersos en el miedo que provoca el acecho constante de la delincuencia. Obtener un arma es de lo más sencillo y, dependiendo de las capacidades y valor de cada uno, se puede acceder de manera relativamente sencilla a las filas de quienes viven fuera de la ley.

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