El arte de la guerra electoral es un libro para entender las victorias y derrotas de quienes aspiran a un cargo de elección popular.

Gilbert Gil
Foto Rubén López

Si bien no es una guía para realizar campañas, el libro El arte de la guerra electoral (Campus libris, México, 2009), de José Adolfo Ibinarriaga y Roberto Trad Hasbun, integra aspectos que formulan el a-b-c de la comunicación en las contiendas comiciales. Para los autores es simplemente la narración organizada de una estrategia que tiene como eje central al elector. De ahí que se cuestionen los espacios de participación ciudadana electoral, las deficiencias en las instituciones gubernamentales y las viejas estrategias de la clase política.

Los protagonistas

Para Ibinarriaga, las elecciones “son de los ciudadanos, no de los políticos ni de los medios de comunicación, sino de los electores, y cómo las decisiones colectivas de la ciudadanía implican apostar por las opciones que se cree van ayudar a vivir mejor”.

Puntualiza que “la aspiración del texto es decirle al elector común, a la gente que no está haciendo campañas, que no es político y que no está en los medios, que de esto se trata la campaña: De llevar un mensaje relevante, creíble a los ciudadanos, con el propósito que elijan cuáles alternativas en juego son las que más benefician”.

Por su parte, Roberto Trad comenta que la obra trata sobre los electores, donde la prioridad y el centro de la discusión son ellos. “Es un texto que sirve para muchos escenarios comiciales. No es un manual, sino una descripción de cómo se va dando una campaña desde la estrategia, la táctica, el ataque, desde la perspectiva de poner al elector en el centro de la discusión”.

Los autores señalan que durante la contienda electoral debe surgir una comunicación efectiva para los destinatarios del mensaje, “un discurso que impacte a los ciudadanos. No es una cuestión moral. Lo más rentable es colocar al ciudadano en la primera persona del enunciado electoral, ya que es lo más rentable que tiene un país. Hay que poner al ciudadano en el centro del debate”.

El arte de la guerra electoral, agrega Ibinarriaga, desmitifica el papel de los consultores, pues “no somos maquiavélicos ni un dios todo poderoso. El ciudadano es el que decide, el que importa”.

Nuevo enfoque

En opinión de Ibinarriaga, si los políticos desean una campaña exitosa deben entender que el protagonista de las elecciones es el ciudadano. A pesar del largo proceso de transición a la democracia que va en su etapa de alternancia, menciona que el problema es que “se privilegia el diálogo entre medios de comunicación y políticos, mientras que el protagonista de las elecciones, el ciudadano, ha sido un actor pasivo, secundario, cuando debería ser el verdadero actor de las elecciones”.

Añade que “las elecciones deben tratar sobre las personas, no acerca de los políticos, quienes, en última instancia encaran sueños, anhelos, oportunidades de la gente. En eso consisten los comicios, en capitalizar los sueños de la ciudadanía”.

A su vez, Trad considera que en la narrativa mediática y en el discurso de los políticos sobre las elecciones el personaje principal de la historia son ellos mismos, en tanto que el actor fundamental, real y verdadero, es el elector. “Es el que se pone de acuerdo un domingo para votar”, destaca.

Los autores analizan dos problemas que se deben resolver para que el elector tenga más participación en las elecciones. Uno es estructural, tiene que ver con las instituciones del Estado mexicano, ya que, desde su punto de vista, no están diseñadas para incorporar al ciudadano a la democracia plena, sólo se enfocan al día de la elección”. El segundo problema tiene que ver con la cultura política del ciudadano, debido a que “es una cultura que históricamente se encamina hacia la participación pasiva”, apuntan.

Por si fuera poco, reflexiona Ibinarriaga, el poder político se basa en una cultura del no contacto con el ciudadano, pues “los políticos ponen al electorado al final de su lista de prioridades y esto se da porque las instituciones no están diseñadas para que el político tenga incentivos o castigos por hacer bien o mal las cosas”.

Roberto Trad va más allá y afirma que en las condiciones actuales, con la legislación existente, la ciudadanización de las elecciones tiene que ir en dos vías: Primera, la voluntad del ciudadano por preocuparse y exigirle al candidato poner en la lista de prioridades sus intereses. Segunda, la apertura, el ánimo de los políticos, de los candidatos, para construir ese liderazgo ciudadano.

Ambos consultores indican que las tendencias actuales van dirigidas a esa ciudadanización. “Cada vez hay más candidatos que le apuestan a las redes ciudadanas, a generar organizaciones ciudadanas, electores independientes, como resultado del proceso de alternancia y una mayor competitividad electoral”.

Roberto Trad asegura que para que un político entienda cuáles son las prioridades de los ciudadanos, debe entenderse así mismo. “Cuando un político tiene claro el proyecto es muy difícil que no tenga que ver con el ciudadano. Ahí ya recorrió el 80 por ciento de la campaña. Si el político se entiende así mismo, y a su proyecto, acaparará la atención del ciudadano”, enfatiza.

José Adolfo Ibinarriaga refuerza: “Si este proyecto lo puedes vincular a la necesidad de los ciudadanos tienes una campaña ganadora. El político debe ser sensible para esas cosas”.

Ideas equivocadas

Para Ibinarriaga existe una engañosa percepción de la clase política sobre los ciudadanos, pues consideran que “son tontos y que no tiene la capacidad de analizar la realidad. Los electores son inteligentes. Los ciudadanos no son estos objetos manipulables que dicen los medios, que pregonan los políticos, que caen en provocaciones y guerras sucias. El elector sabe qué quiere, lo que le conviene. La mercadotecnia trata de engañar a los electores, no concederles inteligencia para decidir sobre sus necesidades”.

En opinión de Trad, impera una desvalorización de la clase política hacia los ciudadanos y los han orillado al día de la elección. En tanto, Ibinarriaga argumenta que los electores se encuentran informados y son capaces de analizar su realidad y decidir lo que quiere. “Sí están empapados de la cuestión electoral en México, lo que no ha cambiado es la vieja política; del distanciamiento, del arriba abajo, del no hay diálogo, en donde se privilegia el monólogo”.

Entrevista publicada en la Revista Cambio

http://www.revistacambio.com.mx/notes/main.aspx?id=2477

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