El burrito de Neza
febrero 24th, 2009
José Luis forma parte de una especie humana que recoge con una carreta la basura de Neza para llevarla a los tiraderos a cielo abierto del Bordo Xochiaca.
Damián Godoy
Fotografías de Rodrigo Villa

Todos los días recorre sus calles y avenidas apenas el sol exhibe la cresta; a diario saluda a las mismas personas y evita los mismos callejones. Nadie conoce mejor Ciudad Nezahualcóyotl y a sus habitantes que José Luis. Orgulloso de ser un burrito de Neza desde hace 18 años, cuenta su historia forjada entre caballos, amigos y deshechos.
Con la ayuda de un equino, él recoge la basura en este municipio mexiquense para ganarse “lo que sea la voluntad de cada persona” para dar alimento, salud y educación a sus tres hijos. “Cuando empezamos a usar los burritos para acarrear la basura hasta estos terrenos, las autoridades no se cansaron de llevarnos a la cárcel, pero nosotros insistimos, eso no nos interesaba”, dice José Luis mientras camina por el valle de basura.
El Bordo de Xochiaca aún hace dos décadas era una laguna, hasta que este grupo de recolectores comenzó a tirar ahí lo que acumulaban recorriendo las calles de Neza, que no eran eficazmente atendidas por el sistema de limpia municipal. Entonces se convirtió en el tiradero a cielo abierto más grande de la zona conurbana: 32 hectáreas de un paisaje uniforme de pequeñas montañas de basura.
“Somos conocidos como los ‘burritos de Ciudad Nezahualcóyotl’, y qué bueno que nos reconozcan así y no como delincuentes”. Hoy, estos trabajadores están organizados en la Unión de Recolectores de Basura y No Asalariados (URByNA). En toda agrupación social hay líderes y José Luis lo es en su sector.
“Somos gente de trabajo y no dedicada a delinquir”, dice. Cuando calla se escuchan las moscas, se detienen insistentemente en nuestros rostros y luego vuelan en su modo susurrante. El caballo relincha y él lo calma dándole unas palmadas en el lomo; el equino, flaco y famélico, agacha sumiso la cabeza y sigue comiendo la poca hierba que se asoma entre la basura.
“En la URByNA somos de 400 a 450 personas, entre carreteros, pepenadores y campaneros”; cuando el viento levanta una nube de polvo, José Luis no cierra los ojos; sus pestañas se han adaptado a la atmósfera del Bordo de Xochiaca y forman una cortina impenetrable contra las sustancias tóxicas que vuelan con la basura.
“Seguiremos estando aquí porque es nuestra fuente de trabajo, mucha gente que no tiene estudios ha venido y ha encontrado una alternativa para vivir, para llevar el pan a casa”. Llega a sentarse junto a José Luis, Isidro, pepenador. A esta hora ya dejó de manosear la basura y fuma un Delicado frente al crepúsculo que huele a lluvia.
“Nosotros no somos dueños de estos terrenos pero sí dueños del trabajo, y eso nadie nos lo puede quitar”, dice José Luis. Señala que las autoridades pueden insistir en sacarlos, pero ellos no se van a mover, “nos vamos a defender a costa de lo que sea, porque es lo único que nos queda”.
Aparece un vendedor en triciclo: olla grande de aluminio, sombrilla roja, caja de galletas saladas, y un letrero: PATITAS Y MOLLEJAS. Nadie se le acerca. Sólo falta que anochezca en el poniente de la ciudad y José Luis tiene que llegar a casa. En las colonias de Ciudad Nezahualcóyotl se está acumulando la basura que mañana “los burritos” recogerán.
En el camino que nos lleva a la parada de autobuses, José Luis habla de la responsabilidad de ser padre de familia y su lucha por evitar que sus hijos sigan sus pasos; “yo les digo que mejor se preparen, que estudien; no me gustaría verlos aquí ganándose la vida en la basura”.
- ¿Qué es lo más bonito que ha visto aquí? – le preguntó a modo de despedida.
Se detiene un segundo y hace una mueca; continúa su andanza.
-Pues-, dice después de unos metros- lo más bonito de la vida, para mí, es la amistad.
De su pantalón saca dos monedas, el camión se ve a lo lejos.
-Mis días más felices los he vivido en las fiestas que organizamos aquí cada fin de año. El estar rodeado por todos mis amigos y sus familias, bailando, tomando una cervecita, el brindis; esa alegría de saber que estamos juntos es lo más bonito que recuerdo.
El camión se detiene, José Luis se despide. En una calcomanía en el parabrisas del autobús se lee: VAMOS A LA PLAYA, ACAPULCO TE ESPERA.
El Bordo de Xochiaca se ve desolado.
Ver la entrevista con Arturo Dávila, director de SUSTENTA
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