En una sola noche, Orlando Magaña asesinó a 6 personas. Luego invitó a su novia a escuchar mariachis y huyó. Esa es la historia del multiasesino de Tlalpan

Carlos Rojas Urrutia
Ilustración de Eduardo Ruiz

multiasesino de TlalpanUna noche de mediados de noviembre del 2002, en la delegación Tlalpan, Orlando Magaña, hombre de 25 años, hijo de un excomandante de la Policía Judicial Federal, acompañado de uno de sus amigos, entró a casa de la familia Narezo Noyola, a quienes conocía a través de una infancia llena de recuerdos en común y envidias veladas.

Atraído por el llamado de unas joyas y la ambición de poseer un automóvil nuevo que se guardaba en esa casa, decidió cometer un atraco que por odios arraigados y circunstancias fortuitas, se convertiría en uno de los crímenes más atroces cometidos en la capital mexicana.

Al comenzar esa noche de otoño, Orlando Magaña y su cómplice, encubiertos con máscaras de luchadores, entraron a casa de los Narezo y se hicieron rápidamente dueños de la situación; las dos empleadas domésticas fueron poca resistencia y terminaron atadas, amordazadas y encerradas en un baño.

Los ladrones estaban en el proceso de registrar la casa cuando el hijo menor de la familia, Ricardo Narezo, y su amigo Juan Pablo Quintana, regresaron a esa casa luego de un partido de fútbol. Al ser sometidos por los delincuentes, Ricardo reconoció por la voz a Orlando Magaña. Éste tomó la decisión de no dejar testigos de su crimen.

Con cinco rehenes dentro de la casa, Orlando y su compañero esperaron media hora a que llegaran Diana Narezo y su hija menor, que fueron sometidas del mismo modo que sus empleadas y su hijo. A los pocos minutos, se les sumó el señor Ricardo Narezo.

Orlando Magaña obligó al padre a entregarle sus tarjetas de crédito y números confidenciales. Se sabía reconocido; para salir de la encrucijada, primero, optó por degollar a las 4 mujeres; luego cada una recibió un tiro de gracia y sus cuerpos fueron amontonados en la tina de la recámara principal.

El cuerpo de Ricardo Narezo padre fue encontrado debajo de la cama de la recámara principal, con un fuerte golpe en la nuca y un balazo en la frente. El de su hijo apareció escondido tras los bambúes del jardín, desnudo de la cintura hacia abajo, con una cuerda alrededor de sus genitales y el cráneo destrozado por una bala.

El error de Orlando Magaña fue dar por muerto a Juan Pablo Quintana, el amigo del joven Narezo. Fue el único que no recibió un tiro en la cabeza. El recién estrenado multiasesino se limitó a dispararle en el cuello. El chico se hizo pasar por muerto hasta que los delincuentes se fueron. Con una bala atravesada en la garganta, que no le había matado pero le había lesionado dos cuerdas bocales, la tráquea y las vértebras cervicales, Juan Pablo salió a buscar ayuda para salvar su vida.

Mientras el muchacho era atendido en terapia intensiva, Orlando Magaña retiró dinero de las tarjetas, hizo suyo el Jetta negro y llevó a su novia a Garibaldi y luego a Cuernavaca.

Después, cuando fue detenido en diciembre de ese año, contaría que había llegado hasta Guatemala y que había regresado a la capital para entregarse. Su cómplice fue buscado en el transcurso de los siguientes meses.

Apéndice:

En noviembre del 2003, apareció un cuerpo calcinado en la localidad de Amecameca. Presumiblemente era del cómplice de Orlando Magaña, ejecutado por el multihomicida en el mismo ingenuo afán de eliminar a todos los testigos de su crimen. 

Ver Avaricia: Los secuestros del mochaorejas
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