-Tus novelas tienen la estructura de una serie de relatos interconectados, ¿piensas la novela como una pieza completa o en pequeños fragmentos que después hay que articular?
-Generalmente tengo una visión general de lo que voy a hacer. Desde que tengo un tema redondeado o entrevisto, ese mismo tema genera sus necesidades estructurales y su ordenación. A veces sí comienzo tanteando; escribiendo como si fuera metiendo un pie en la alberca: escribo un texto corto. Esos pequeños intentos me pueden salir redondeados y cumplir la condición de cuentos, con toda la estructura que se requiere. Salvo algunos casos, como el de Cerca del fuego, que quería que fuera una novela basada en 64 textos relativamente autónomos, nunca me he propuesto hacer cuentos dentro de las novelas por el hecho de hacerlas, sino que así van saliendo.

-En la última parte de Cerca del fuego emprendes un viaje onírico con el lector, ¿crees en el psicoanálisis y en la teoría de la interpretación de los sueños?
-Creo, pero con sus asegunes. A mí me interesó mucho el psicoanálisis desde que siendo casi niño leí a Sartre, que estaba muy impresionado con las ideas del psicoanálisis, cuando en los años 30 apenas surgían con mucha fuerza, aunque la teoría ya tenía varias décadas de existencia. A mí me interesa mucho más que el análisis freudiano, la psicología analítica de Jung. He leído mucho a ambos y a muchos otros psicólogos. Gran parte de mis lecturas juveniles eran libros de psicología, porque sobre todo los primeros psicoanalistas, eran muy abundantes en casos clínicos; y hay unos casos absolutamente sensacionales. Jung cuenta unos increíbles, Freud no se diga, Steckler, Adler…todos esos cuates cuentan historias fascinantes. A mí me encantaba leerlos. Jamás he estado en un diván con un psicoanalista ni en una consultoría psicológica de ningún tipo. Creo en la autoterapia. Creo que uno puede curarse a sí mismo y aún no he llegado al momento en que por mi estado mental diga Help, I need somebody!

- ¿Qué le pides al lector que se adentra a la literatura agustiniana?
-Yo pido que me lean como se debiera leer cualquier libro: sin preconcepciones, sin prejuicios, sin ideas preestablecidas de si te va a gustar o no. Uno debe entrar a los libros como una aventura y descubrir en ellos lo que verdaderamente te dan; hacer que tu vida se incorpore a la vida del libro. Creo que los libros son entidades objetivas también, y admito toda la subjetividad para enjuiciarlos, que es la que predomina, pero es conveniente tomar en cuenta la objetividad del texto.

- ¿Tú qué le ofreces al lector?
-Yo le doy lo mejor que puedo con mi literatura, mano. Trato de que mis historias sean interesantes, aunque muchas veces no sigan una corriente de moda. Trato de tocarme el fondo con cada uno de los libros que escribo; porque sé que al tocar el fondo de mí mismo, puedo tocar el fondo verdadero de los demás. Mi entrega es definitiva y absoluta cada vez que escribo.

-Dos horas de sol y La vida con mi viuda se alejan de la temática juvenil y abordan temáticas de hombres maduros ¿A que le atribuyes que siga vigente esa conexión de tu literatura con los jóvenes?
-Con La vida con mi viuda tuve la respuesta inmediata de un chorro de chavos a los que les gusta el libro. Así como con Dos horas de sol , una novela de cincuentones, que están viendo los problemas de la mitad de la vida. Vida con mi viuda es una novela de principios de vejez, de familias enteras, que hasta el momento a los muchachos les ha gustado mucho. El libro ha tenido una salida excelente. Yo atribuyo eso al poder que tienen las novelas de atrapar al lector. En La vida con mi viuda, si el lector no es prejuicioso y me acepta la premisa fantástica que planteé en las primeras páginas, para que si alguien se iba a rajar lo hiciera luego luego, hay una fuerza narrativa y un poder de atracción que para algunos se vuelve adictivo. Las 260 páginas de la novela se las leen en dos o tres noches; y de ahí se regresan a releer algunas partes. Eso me da una sensación muy satisfactoria.

- ¿Escribes con esa misma compulsión con que te recibe el lector?
-Escribo con mucha intensidad, como no. Pero también en un estado de alerta total. Desde el momento mismo de la escritura ya estoy limpiando el texto. No me levanto de la máquina sin hacer una revisión a fondo de lo que escribí. Mis libros llevan mucho más trabajo de corrección de lo que parece. Al leer con facilidad, pareciera que el que escribe lo hace con esa misma fluidez, pero no es así; cuesta mucho trabajo despejar todo para que la lectura sea muy fluida.

- ¿Te interesa incursionar de nuevo en la literatura infantil o juvenil, como lo hiciste con La panza del Tepozteco?
-Sí quisiera hacer uno o dos libros más para chavitos. Como La panza pero para menores de doce o trece años. Una literatura sobre jóvenes como la que hice cuando yo era joven, no la voy a escribir, porque ya lo hice y ya no tengo ni la visión ni las posibilidades ni el contexto para hacerla. Habrá personajes jóvenes en lo que me falta por escribir, pero ya los trataré en función de los elementos de la novela o el texto que esté trabajando. Pero el tema juvenil, ni remotamente puede ser protagónico en lo que escribo.

- ¿Cruzas la barrera de los 60 años con tantos proyectos por hacer como en tu juventud?
-Pues sí. Estoy escribiendo dos novelas. De repente me agarra una, luego me jala la otra…quisiera escribir cuando menos cuatro novelas más, que ya tengo en la cabeza; aunque tampoco me caso con ninguna idea, porque sé que se me pueden ocurrir dos tres ondas nuevas. Ya tengo ahí algunos cuentos y quiero escribir otros más para quizás hacer un nuevo volumen de relatos. Y sin querer, voy escribiendo artículos y ensayos que se me van juntando, entonces al rato publico un libro con esos ensayos. Va a salir uno el año que entra que se llama La casa del sol naciente, que reúne ensayos de cine rock y literatura.

- ¿Hay alguna de tus novelas que prefieras sobre todas las demás?
-Si, Vida con mi viuda. Jamás había tenido una experiencia como la que tuve al escribirla. La respuesta del público ha sido sensacional. Es por mucho el mejor libro que he escrito.

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