La irreverencia del clásico: José Agustín
febrero 27th, 2009
Contracultura y rebeldía
-Ahora que lo rebelde es un producto de telenovela y la vestimenta punk se compra en tiendas departamentales, ¿Dónde está la contracultura?
-Pues no entre los que van a comprar a Liverpool obviamente. Todo mundo necesita tener un contrapeso dentro de sí mismo. Se ha vuelto muy convencional y muy cuadradote en la vida tener rasgos contraculturales. Quizá cuando alguien se baña canta sin saber qué significa I can get no satisfaction… (ríe con sorna). Pero sí existe la contracultura, como demonios no. Se manifiesta a través de una enormidad de fanzines que se distribuyen casi de mano a mano o por correo electrónico a lo largo de toda la República Mexicana. Hay una enorme cantidad de pequeñas células contraculturales. Hasta en los pueblos más pequeños, de repente comienzan a llegar todo tipo de aires. Y si llega Televisa, también es probable que lleguen ahí mismo cosas muchísimo mejores, como buen rock.
- ¿Los medios masivos se empeñan en comercializar los rasgos característicos de la contracultura?
-Claro. Los medios tratan siempre de neutralizar el fenómeno. Primero, si no les gusta, tratan de detenerlo y lo combaten. Si ven que se resiste y no lo pueden exterminar, tratan de neutralizarlo y desnaturalizarlo, vestirlo a su conveniencia para tratar de montarse en él y llevarlo hacia sus fines. A veces funciona, pero las más de las veces no. Los medios en ese sentido han jugado un papel muy importante, pero la contracultura se sigue desarrollando al margen de todo eso.
- ¿Ves en la música mexicana contemporánea un movimiento contracultural de vanguardia, que no repita las fórmulas europeas o estadounidenses?
-Ciertamente hay una tendencia a incorporar elementos muy mexicanos a un leguaje universal como es el rock. Eso comienza en los años 70 con El Tri. Luego Rockdrigo y Los Rupestres lo logran sensacionalmente, y son tan rocanroleros como el que más. Hay mucha efervescencia por debajo, en lo underground, hay una cantidad tremenda de demos que circulan por ahí. Y ese rock sigue siendo contestatario, verdaderamente expresivo y que no se alinea con las tendencias comerciales. Me gustan ahora cosas que está haciendo gente de Tijuana, como esa fusión de música electrónica con sones norteños o ambientes sonideros. Me gustaría ver algo mas encaminado por ahí por donde iba el Personal, que se metían en las cosas más locas del mundo, como reggae con aires de mariachi y de son veracruzano.
- ¿Consideras tu ensayo de La contracultura en México un documento trabajado con el mismo rigor con que realizaste los tres tomos de Tragicomedia Mexicana?
-No, ni remotamente. Yo mismo lo aclaro en el prólogo. Me tomé la molestia de hacer un prólogo que al parecer mucha gente no leyó, por que me reclamaban cosas que están aclaradas ahí. Yo aclaré que no era la persona idónea para hacer ese trabajo, que llevaba 20 años esperando que un investigador en el campo de la sociología o la antropología se metiera a trabajar la contracultura con todos los rigores de la disciplina, pero nadie lo hacia. Entonces me dije que tampoco era un fenómeno social que se debiera soslayar, así que lancé la primera piedra. Eso es lo que considero que es mi libro: tratar de hacer planteamientos en torno a ese tema que se había manejado muy aisladamente, y darles una visión central; hacer una propuesta distinta del concepto de contracultura. Pero también era consciente de que hay muchos fenómenos, sobre todo los más recientes, a los que ya no puedo acceder directamente. Por eso no quise trabajar casi ninguna de las manifestaciones contraculturales de los 90 para acá, porque evidentemente tengo más de 50 años y creo que eso es algo que debiera hacerlo alguien de la edad.
De La contracultura en México ha habido respuestas ambivalentes. Me he dado cuenta que ha tenido una gran funcionalidad, sobre todo para los nuevos jóvenes, interesados en la historia de todas esas cosas. A cada rato me encuentro lectores chavos que están contentos con mi libro.
