La extinción de Bordo Xochiaca
febrero 27th, 2009
El paisaje de esta zona de la capital consta de paredes de basura que se desbordan, mezcladas con los establos hechos de maderas y láminas desvencijadas que dan la espalda a la avenida y en donde hasta hace poco vivían 600 caballos y miles de perros que acompañaban a los carreteros. En el cielo gris vuelan algunas garzas que de vez en vez se lanzan hacia la cúspide de alguna montaña de basura a buscar restos de comida.
Los tiraderos Neza II y Neza III se extienden a todo lo largo de la calle y la cadena de basura amontonada sólo se interrumpe por las 5 o 6 puertas por donde desfilan las carretas con sus caballos y jinetes. Cada puerta pertenece a un grupo distinto de burritos y pepenadores, aunque todos se conocen entre sí. Por esas entradas, hasta principios del 2006, se movían a diario un total de 500 toneladas de basura.
El costo del peaje por entrar a tirar basura con una carreta fluctuaba de entre 15 y 40 pesos, dependiendo de cada organización. El dinero era cobrado por los líderes, 5 o 6 personas que se dividían el tiradero y que eran los dueños de casi todas las carretas y que, en los últimos años, las rentaban principalmente a menores de edad.
En promedio, un carretero hacía dos viajes diarios. En un año, la ganancia total sólo por el cobro de peaje a las carretas era de aproximadamente 150 millones de pesos.
Román Sierra, encargado del URByNA PRD, fue de las primeras personas que hace 20 años llegaron a utilizar esta parte del lago de Texcoco como tiradero. Hasta hace 4 años, con sus más de 50 encima, aún salía a las calles de Neza a recoger basura. Hoy se ha retirado y hasta que las autoridades los desalojaron de esta zona, permaneció como encargado, cobrando las tarifas y supervisando a las 300 personas que trabajaban con él, incluidos sus tres hermanos, sus dos hijos, sus dos hijas y sus dos nietos.
Recuerda que hace 20 años llegó de Apan, Hidalgo, sin un centavo, sin educación y con deseos de trabajar. La idea de tirar basura surgió cuando vio a los niños que por ese entonces se juntaban y recogían las botellas de vidrio vacías de las casas. Los niños iban al lago a arrojarlas y las amas de casa les daban algunas monedas por el trabajo.
“Si ellos lo hacían, ¿porqué yo no iba a poder hacer lo mismo?”, se dijo Román. Entonces consiguió una carreta y empezó a pasearse por las calles empujándola él mismo. Otras 15 personas se le unieron y juntos iban a diario al lago de Texcoco “donde todavía había patos y peces”, a tirar la basura.
Ante el hostigamiento de la policía y su recurrencia de llevarlos a la cárcel por contaminar el lago, formaron el grupo de los URByNA, y pidieron un permiso para trabajar, mismo que según Román Sierra les fue otorgado por el Presidente Municipal de ese entonces, Ramírez Ornelas.
A partir de ahí consiguieron burros para desplazar las carretas y al poco tiempo alguien vio en los caballos una opción más resistente, económica y segura. Las URByNAs crecieron rápidamente. En 7 años, las 15 personas que habían comenzado a tirar basura se habían convertido en más de trescientas.
Hasta su extinción, las URByNAs agrupaban a más de mil personas entre carreteros, campaneros y pepenadores.
En esta zona, a diario los niños jugaban en los basureros ilegales con jeringas usadas y demás productos tóxicos, tal como lo registró el cineasta Martínez Merling en su documental Pepenadores
Ver nota Inoperancia de la Ley de Residuos Sólidos
Ver nota Una mirada al problema de la basura
Ver voces de la calle: el burrito de Neza

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