Ira: La fobia de el sádico

Febrero 24th, 2009

thumbsadicoRaúl Marroqúín abandonó la cárcel de su natal Tamaulipas y vino a la capital para torturar y secuestrar homosexuales, a quienes ligaba en cafés y centros nocturnos de la Zona Rosa.

 

 

 

Carlos Rojas Urrutia
Ilustración de Eduardo Ruiz

la fobia de el sadico

A mediados del 2005, Raúl Marroquín Reyes, joven de 25 años egresado de la Escuela Médico Militar y desertor del ejército, salió de la cárcel de su estado natal, Tamaulipas, luego de cumplir una condena por robo con violencia. Apenas libre, viajó a la ciudad de México y aquí, llevó su rencor a límites extremos: secuestró y torturó a seis homosexuales. A cuatro de ellos, los estranguló, mutiló, acomodó en maletas de viaje y abandonó en la vía pública.

Los motivos que el sádico (como lo bautizarían los medios de comunicación) ofreció en los mass media para cometer sus crímenes son confusos. Asegura que no es homofóbico, que simplemente le resultaba más sencillo secuestrar homosexuales que cualquier otro tipo de personas. En su presentación al público, declaró que de niño ni fue abusado ni sufrió violencia física. De lo único que se mostraba seguro, era de que con sus asesinatos, “hice un bien a la sociedad”.

El sádico no tenía que esforzarse por encontrar a sus víctimas. Bien parecido, alto y delgado, le bastaba aparecerse en cafés y centros nocturnos de la Zona Rosa frecuentados por la comunidad gay. Siempre era abordado por algún hombre. El trámite era conversar un rato, luego ir a un hotel y ahí, averiguar si su acompañante tenía o no dinero para pagar un rescate.

Entonces conducía a sus víctimas a su departamento, donde, junto a su cómplice de nombre Juan Enrique Madrid Manuel, las sometía, torturaba y mantenía en cautiverios que duraban entre cinco y siete días -al último hombre que secuestró, le hizo un corte en la cara en forma de estrella, arrancándole la piel de la frente -; pasado ese tiempo, las estrangulaba. Luego, mutilaba los cuerpos para acomodarlos dentro de maletas de viaje, que abandonaba en diversos puntos de la capital.

Con los asesinatos consumados, el sádico pedía a los familiares de las víctimas rescates de entre 15 mil y 120 mil pesos, que asegura gastó en “artículos personales y aparatos”.

Raúl Marroquín conservaba como preseas de sus crímenes las identificaciones de los hombres que había asesinado. En el momento de su detención, se encontraron en su cartera las credenciales de elector de dos personas plagiadas; además, tres tarjetas bancarias, el teléfono celular con que realizaba la operación para el pago de los rescates y la navaja que utilizaba para torturar a sus víctimas.

La Agencia Federal de Investigación (AFI) capturó a Raúl Marroquín a raíz de la denuncia que recibió en noviembre del 2005, con motivo del secuestro de un empleado de Televisa, por cuya liberación se exigió el pago de 120 mil pesos. El cuerpo sin vida de esa persona apareció a principios de diciembre de ese año, en las inmediaciones del metro Chabacano.

Raúl Marroquín Reyes fue detenido a principios del 2006 y cumple una condena de 50 años en el Reclusorio Norte, donde se le mantiene aislado del resto de la población carcelaria. Se desconoce por completo el paradero de su cómplice.

Apéndice:

Luego de su detención, se encontrarían cuatro cuerpos mutilados que el sádico reconocería como obra suya: dos chicos de 25 años, que aparecieron dentro de una maleta en la colonia Asturias; un estudiante de 20, cuyo cadáver se encontró también cerca del metro Chabacano; y un empleado de 28, que fue abandonado en la calle de Amazonas.

Ver Avaricia: Los secuestros del mochaorejas
Ver Envidia: El multiasesino de Tlalpan
Ver Gula: Los antojos de El caníbal de la Guerrero
Ver Pereza: Las víctimas indefensas de La mataviejitas

Compartir:
  • Digg
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • MySpace
  • Simpy
  • Technorati
  • TwitThis




Comentar

blank