La magia va en tren
Febrero 17th, 2009
Carlos Salinas López es adulto de la tercera edad, vende artículos de magia y bromas afuera de la alameda y regala sus trucos a los metronautas
Fernando X. Rodríguez
Fotos: Rodrigo Villa

¡Atrás de la raya! ¡No le tape los ojos al niño señora que esto es pura diversión… magia blanca en el metro! Enjuto, de traje negro, camisa blanca y una bolsa de plástico verde pistache, mide no más de 1.65. Su mirada brilla. Es el Mago…
¡Ahora préstenme atención, que esto no lo van a volver a ver en su vida más que aquí, conmigo! Se posa en el centro del vagón, firme en sus delgadas piernas, con la espalda un poco encorvada para hacer equilibrio y resistir los enfrenones y la arrancada del tren; agita un paliacate amarillo, lo ata, lo estira y de un tirón deshace el nudo…
Saca una pelotita roja. ¡Aaaahhh, pero permítame tantito caballero! Extiende las manos y al rozar el saco de un hombre, le extrae otras dos pelotitas. Una señora mira como preguntándose si va a descargar su culpa con 1 ó 2 pesos, o simplemente apreciará con desgana el espectáculo desde su fosfórica butaca.
Se vuelven a cerrar las puertas automáticas del metro y el hombre de setenta años muestra las tres esferas en su mano derecha; agita tres veces sus dedos y de pronto una bola roja desaparece; muestra al público que todavía le restan dos, y cuando lanza una hacia el espacio, ésta ya no cae y su mano se cierra como si también esperara que la gravedad hiciera su trabajo y le devolviera al objeto mágico.
- ¡A este truco le llamo la desaparición de la materia!
Golpea uno de los asideros metálicos con la pelotita que le sobra. Introduce su mano en el bolsillo izquierdo; y después de mover un poco su pierna, sin que medie orifico, rotura, o pasadizo secreto, aparece la esfera en cuestión, envuelta en la tela exterior de su pantalón. La toma con la mano derecha para mostrarla a sus espectadores.
- Ahora… ¡uoop! – Parece que se la ha tragado, pero en seguida se da una palmada en la nuca y comienza a expulsar de entre sus labios el mágico plástico de color carmín.
Carlos Salinas López trabaja los domingos vendiendo magia afuera de la estación Bellas Artes en la Alameda, tiene cuarenta años de mago y se mete a ofrecer su actuación al metro dos o tres horas al día. Dice que ya esta viejo, que nomás va un rato. “Prefiero venir a darla porque casi no se puede venderla, no vengo a pedir limosna, divierto a la gente, soy de Zumpango”… Y muestra su credencial que lo acredita como adulto mayor.
Tiene una cajita mágica que lo obedece; una interminable tira de colores que saca de su boca; un acto mortal en el que advierte al público que llame a una ambulancia si se comienza a poner morado; tiene las esferitas; el paliacate; sabe transformar una moneda en un billete de 50 pesos y cuenta varios chascarrillos.
“Uno tiene sus maestros y se va haciendo mago, así empecé….” Sus ojos siguen brillando y se dirige al siguiente vagón, para hacer otros trucos, convencido como pocos en este mundo, de que la magia existe…

