Durante 40 años, los capitalinos despertamos con el reporte vial del helicóptero de Radio Red. Su reportero decano nos ofrece el testimonio de esos días

 

 

Carlos Rojas Urrutia
Fotos: Aura Perroni

imagenes del ingeniero olea

La tarea de Jorge Olea durante los poco más de 40 años en que su voz sonó en la radio mexicana, fue la de escapar del sensacionalismo de la nota roja y recurrir a las estrategias simples de la literatura: contar historias, un oficio de cuyo dominio se carece incluso en algunas prestigiadas secciones de ciudad y cultura.

El propósito del ingeniero Jorge Olea, periodista por oficio de nota roja y de tránsito, copiloto del mítico helicóptero amarillo del noticiario Monitor -el de José Gutiérrez Vivó, por supuesto- y la primer persona en dar un reporte vial desde el aire en territorio latinoamericano, fue el de hacer una crónica humana sobre los sucesos más desgarradores: accidentes viales, asesinatos, violaciones, secuestros…

Olea tuvo que jubilarse obligado por las circunstancias del grupo de noticias para el que trabajaba, cuya apremiante situación económica obligó a cancelar los noticiarios de la empresa de José Gutiérrez Vivó.

Antes de eso, desentrañar el alma de las cosas era el propósito que hermanaba el trabajo de Olea con lo literario, a pesar de la fugacidad de un medio donde reina lo instantáneo, donde lo único que permanece es la seña de identidad del estilo, el enfoque y la voluntad de dar seguimiento a la información hasta las últimas consecuencias.

La historia periodística del ingeniero Olea comenzó hace 52 años, cuando era un joven estudiante de la facultad de ingeniería de la UNAM y sufrió un accidente que le hizo perder el ojo izquierdo y le desfiguró parte del rostro. Desde entonces, la emergencia ha sido lo suyo y su voz es el matiz del que carece la nota policíaca ordinaria. Por “un albur”, inicia el relato de vida profesional, se convirtió en el reportero estrella en el equipo de José Gutiérrez Vivó y decano de los reporteros del aire.

Tranquilo, con la voz pausada que lo hizo inconfundible para su auditorio, habla del aprecio que le tienen algunos de sus antiguos compañeros en la Universidad, como Carlos Slim, Bernardo Bátiz o Manuel Gómez Peralta, quienes, asegura, a diario escuchaban su reporte vial.

El hombre que durante más de 40 años se mantuvo como líder de la nota policíaca en México, se muestra nostálgico cuando habla de la antigua ciudad. Esa, donde los policías de barrio eran respetados, los reporteros investigaban y no existían los boletines. Se podía caminar de noche por las calles y el silencio imperaba en el Distrito Federal. Como último tributo a esa ciudad a la que pertenece, planea publicar un libro con sus memorias. Para ello, ha recopilado en un fólder amarillo, gastado de tanto mostrarlo, las fotos que resumen su vida.

Las imágenes del ingeniero Olea abrazando a su esposa o a alguna de sus tres hijas, se mezclan con las de cuerpos calcinados en San Juanico, alguna cabeza humana a punto de hervir o el cuerpo de una mujer que yace golpeado y mutilado. Pero su voz, mientras comenta las fotos, no cambia. Su modulación sigue siendo la misma. Conserva sus pausas mientras narra el lugar donde atropellaron a alguien, el asalto de un banco o una aglomeración vial.

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