Me encanta cómo me veo de rubia
febrero 9th, 2009
Ricardo Dettmer es empleado administrativo en una agencia de publicidad. Nuria hace una memorable representación de Gloria Trevi en el bar La Perla. Ambos son el mismo ser que divide su personalidad entre “la oficina” y “el show”.
Tatiana Meneses
Foto: Filemón Alonso
“¡Ricardo!” grité a las dos de la mañana, cuando salía del bar la Perla, sobre la calle de República de Cuba. Volteó desconcertada una mujer elegante de vestido largo y cabello negro. La acompañaba un hombre, su marido.
Ya unas horas antes, en el baño de damas, me había contado sobre él. Cada fin de semana le lleva a su casa después del show. Allí mismo, en el reducido espacio ocupado con tres retretes, dos lavabos, un espejo ancho y una mujer que vende dulces, le pregunté su nombre.
“Ricardo”, contestó sonriente después de titubear instintivamente. “Ricardo Dettmer Mendoza”, repitió con voz más firme y casi hasta alegre. Después de felicitarlo por su interpretación de No estoy loca de Gloria Trevi, mantuvimos una breve conversación entre empujones de vanidosas.
El reducido baño del bar funge también como vestuario para los travestis. Mientras lavo mis manos vuelan sobre mí pelucas, medias, sostenes y maquillaje que se piden y se prestan las afeminadas voces masculinas. Ellos hacen la variedad, el show. Y tienen los nombres del día y la noche.
El de Ricardo es Nuria. Pero en realidad a él no le preocupan los nombres. Igual pueden llamarle Ricardo y enseguida decir que es una excelente amiga. La primera vez que hablé con él por teléfono, dos semanas después de la noche que le grité un nombre de varón a la mujer de vestido largo, cometí una mezcolanza de género. Enseguida me disculpé por el trato. Pero él no hizo caso y se mostró despreocupado por la confusión.
El oficinista de Walter Thompson
Ricardo no es un travesti de tiempo completo. “Es mucha chinga”, exclama con enfado. Sin embargo no sólo le divierte, sino que le gusta y disfruta vestirse de mujer. Dice, empezó “por puro cotorreo, ya sabes, la jotería”; enseguida ríe abierto, sin inhibiciones. “Me di cuenta que llamaba mucho la atención de los hombres. Cuando ando de vestida, se me acercan siempre tres o cuatro”.
Esto lo platica mientras sorbetea una sopa de fideo en una comida corrida. Ricardo Dettmer es un hombre ocupado de 35 años que disfruta su trabajo. “Cuando hablo de mi trabajo, me refiero a la oficina. Lo otro, es el show“.
Estudió para programador de computadoras pero dejó los estudios por desinterés. Hace tres años tuvo la oportunidad de ingresar a la agencia de publicidad Walter Thompson como auxiliar de administración. Pero aprendió a facturar y ahora lo hace en la empresa.
Está satisfecho con su trabajo, pues además de ganar buen sueldo, tiene una excelente relación con sus compañeros de trabajo. Sobre todo las mujeres, incluyendo su jefa, quien incluso sabe que Ricardo trabaja de travesti los fines de semana.
Pero nunca falta el chistosito que chifla y se burla cuando él pasa. Y aunque no es buscapleitos ni le gusta tener problemas con sus compañeros de trabajo, cuando tuvo la oportunidad le reclamó a quien lo molestaba “¿por qué chiflas y haces comentarios cada vez que paso? ¿Soy muy extraordinario? Te aseguro que te emocionas más tú cuando me ves a mí, que yo cuando te veo a ti”.

