Daniel Arizmendi fue, durante la década de los 90, el personaje más siniestro de la capital. Se le atribuyen 21 secuestros, 3 homicidios y varias mutilaciones.

Carlos Rojas Urrutia
Ilustración de Eduardo Ruiz

mochaorejasEmperador del secuestro y la tortura, icono de la maldad que se convirtió en el criminal más buscado del país, quien encarnó en el imaginario colectivo la figura del secuestrador hacia finales del siglo XX; más repudiado que cualquier político ladrón o narcotraficante, Daniel Arizmendi comenzó en el negocio que le haría célebre primero por dinero, y luego, por pura satisfacción.

Mientras aún ejercía como secuestrador de empresarios, hizo su primera aparición en cadena nacional, cuando los medios de comunicación reprodujeron hasta el cansancio una cinta con la voz de Arizmendi, donde amenazaba: “si me encuentran, prefiero que me maten, porque no quiero regresar a la pobreza o a la cárcel”, el mochaorejas, como se le conoció desde entonces, trascendió la figura del sanguinario secuestrador a la de criminal legendario, al que se han dedicado análisis, crónicas, libros y corridos.

Más tarde, se haría un personaje inolvidable para la sociedad TELEVISAda, con las declaraciones con las que se presentó a los mexicanos, en su confesión videograbada y retransmitida a todo el mundo: “Cortar orejas era como cortar pantalones… si tuviera 100 millones de dólares lo volvería hacer, ya no era por el dinero. Era un reto”.

El día que vimos las declaraciones del Mochaorejas, éste se presentó tal como había recibido a los policías: de jeans azules y con una playera desgastada, bajito y moreno, con el pelo largo y barba cerrada; sin inmutarse al confesar sus 21 secuestros y 3 homicidios, seguro de que actuaba sin voluntad: “Me llegan chispazos de que hay que hacer cosas malas… Si tuviera una pistola les mataría a todos ustedes”.

Daniel Arizmendi fue primero policía y luego, ladrón de autos. A mediados de la década de los 90, comprendió los beneficios lucrativos del negocio del secuestro, pero sobre todo, asumió el reto de liderar una banda con la que ganaba dinero y cumplía sus fantasías de poder y sadismo.

Primero actuó en la capital; poco después, gracias a su capacidad de organización y a la colaboración de algunos de sus familiares, extendió su red de secuestro al centro y sur del país, con la complicidad de funcionarios y policías locales, estatales y federales.

Su método para extorsionar víctimas consistía en mutilarlas y enviar a sus familiares dedos y orejas rebanados, para garantizar el pago del rescate ante la inminente advertencia de la sangre fría de un asesino.

- ¿Por qué mutilaba a sus víctimas? - pregunta un periodista en las oficinas de la Procuraduría General de la República (PGR).
-Para forzar a las familias a que dieran dinero

- ¿Cómo lo hacía?
-Con tijeras de pollero

- ¿Nunca se conmovió por los secuestrados?
-Nunca oí que alguien me dijera que no, tal vez porque no les daba tiempo.

Su último secuestrado, el empresario Raúl Nieto, fue asesinado el mismo día de su captura. Aún así, Arizmendi cortó las orejas del cadáver y lo maquilló para tomarle una foto y tener elementos fehacientes para inmiscuir a la familia en un cruel juego de angustia y dolor, ya por entonces irreparables.

En 1998, luego de tres años de andar prófugo, fue detenido junto a siete de sus cómplices en una casa abandonada al norte de la capital. Cumple una sentencia de 50 años en prisión y tuvo que pagar 916 mil 312 pesos para restituir los daños a los familiares de sus víctimas.

Actualmente, Daniel Arizmendi está encerrado en el Penal de Máxima Seguridad de La Palma, al lado de convictos de la talla de Osiel Cárdenas, el Güero Palma y Mario Aburto. En 2001, Julio Scherer García publicó una entrevista que le realizara al mochaorejas, que el periodista incluyó en su libro Máxima Seguridad (Aguilar, 2001). En ese libro, el periodista dio a conocer el siguiente poema, que le entregó el propio Arizmendi:

Yo no rovo por rovar
primero los investigo
y si les sobra el dinero
les quitamos un poquito
Dios dice que es un pecado
Tener dinero maldito.

No pienzes que te robaron
al negosiar con tu vida
mejor piensa que invertiste
en lo que te convenia
por que saliste ganando
al no perder tu vida

Pienza quera algo incurable
que nadie te alibiaria
y el dinero se lo diste
a un mago para curarte
no ay que cer tan anvisioso
como pa dejar matarce

Si el cavello se te cae
Y ni siquiera lo notas
porque no dar un mechon
alcabo luego te brota
y la vida se te acaba
y nunca vuelve a aber otra

Si un policia te acesora
y dice que no des nada
que rescatara al cautivo
por medio de las llamadas
preguntale a el que aria
si estuviera en la cuchara

Si las cosas salen mal
y tu familia fayese
no le eches la culpa a nadie
tu fuiste quien opero
Dios te convirtio en doctor
y no pudiste salbarle

Apendice:

El policía que encabezó las investigaciones que llevaron a la captura de Daniel Arizmendi, fue Alberto Pliego, que se ganó el mote de ser el súper policía. En 2005, fue condenado por proteger bandas criminales y luego de pasar dos años en la cárcel, falleció de cáncer.

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