Con esta entrega, comenzamos una serie en memoria de esos asesinos célebres por sus crímenes cometidos durante las últimas dos décadas en la capital mexicana.

La nota roja es tan antigua como el hombre mismo. Su función es la de narrar esas historias que no debieron suceder en el mundo civilizado, pero que sucedieron y suceden. El género humano ha mostrado un gusto que raya en lo malsano por conocer esas historias e ir al fondo de ellas, con la única condición de ser espectador de esas vidas desgraciadas sin inmiscuirse personalmente.

En la prensa nacional, lo mismo que en el resto del mundo, hay publicaciones que a diario explotan ese morbo por conocer historias trágicas de asesinatos, accidentes, pasiones y muerte. En las redacciones, la nota roja, denigrada por su contenido, fungió como ese trampolín para tomar rumbo a otras secciones que se consideraban de mayor trascendencia. Era el laboratorio donde los periodistas principiantes habían de foguearse en el arte de investigar, recabar datos y narrar sucesos.

Hoy día, los medios electrónicos han encontrado una veta comercial mportante para la nota roja. La televisión y la radio se han encargado de explotar los contenidos agresivos y, casi como en una sección de espectáculos, han habilitado a reporteros y conductores como payasos que bien pueden fungir como árbitros en los pleitos callejeros, como directores de cámara para recrear escenas que luego harán pasar por reales; como policías, ministerios públicos o jueces patéticos que emiten resoluciones sin conocimiento de causa o una investigación rigurosa.

La capital se mancha de sangre a diario. Algunos crímenes y sus responsables permanecen en la memoria de los capitalinos ya sea por lo sanguinario de sus actos o por su exposición constante en los medios de comunicación. He aquí la reconstrucción de siete casos recientes de esos seres que fueron, quizá, sentenciados a la condena eterna aún antes de morir.

Ver Avaricia: Los secuestros del mochaorejas
Ver Envidia: El multiasesino de Tlalpan
Ver Ira: La fobia de el sádico
Ver Gula: Los antojos de El caníbal de la Guerrero
Ver Pereza: Las víctimas indefensas de La mataviejitas

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