Andy viaja a China
Marzo 3rd, 2009
En 1972, una década antes de su viaje a Beijing, Warhol había pintado más de 400 retratos del líder comunista basado en la omnipresente fotografía del sonriente y benévolo presidente que aparecía en la portada del Pequeño Libro Rojo. El año de la serie de Warhol fue el mismo de la histórica visita del presidente Nixon a China y el inicio de una distensión que fue posible por cierto deporte y generalmente referida como la “diplomacia del ping-pong”.
Los lienzos brillantes y coloridos de Warhol, aunque irónicamente, reflejaban ese esfuerzo político por darle al gobierno chino una cara amigable.
Para 1982 Warhol había quedado reducido a repetir sus propios grandes éxitos en Retrospectives and Reversals -Marlilyns, latas de sopa, sillas eléctricas, Maos- y para recomponer la historia del arte, adaptaciones de Boticelli, Munch y de Chirico.
Había surgido una ostentosa generación de jóvenes -Basquiat, Schnabel, Salle, Clemente-, y aún cuando ellos se referían respetuosamente a él como el “Papa del pop”, su neo-expresionsimo histérico había hecho que la estética de gran formato de Warhol pareciera anticuada y plana.
Aunque sus lienzos de principios de los 60 se subastaron en más de un millón de dólares, ni uno solo de sus trabajos de la exhibición de signos de dólar de 1982 en la galería de Leo Castelli encontró comprador.
Warhol había sido invitado a Hong Kong para asistir a la inauguración del exclusivo I Club en la Torre del Banco de América. El dueño del club, el adinerado coleccionista y empresario Alfred Sui, había decidido decorar el recinto con arte Pop (Rosenquist, Lichtenstein y Johns); Warhol, con la esperanza de recibir algunos encargos en Asia (“retratos para pagar la renta”, como solía referirse a ellos), había prestado a Sui numerosos lienzos: un díptico reciente del príncipe Carlos y Lady Di, y retratos de Silvester Stallone, Mick Jagger y Judy Garland.
Desde Hong Kong, Sui llevó a Warhol y sus amigos en un viaje de cuatro días por China. Ahí, visitaron la Gran Muralla, las tumbas del rey Ming, el Palacio de verano del emperador, el Fragrant Hill Hotel, construido por I. M. Pei y una comuna de niños. Warhol telefonearía cada noche a Pat Hackett, su secretaria y amanuense, para dictarle su diario: “Es en realidad verdaderamente estupenda”, dijo Warhol acerca de la Muralla China, donde su famosa peluca estuvo cerca de salir volando. “Es en verdad en verdad estupenda”.





