Andy viaja a China

marzo 3rd, 2009

Un mes después, acordé ver a Makos nuevamente. Acababa de regresar de Beijing y quería contarme cómo había cambiado la ciudad desde su primera visita. Nos vimos en su estudio, en West 20th Street que, al igual que su departamento, está tapizado de Warhol; esta ocasión, de grandes impresiones digitales de la sesión fotográfica que Makos realizó en 1981 al artista vestido de mujer y con gesto inexpresivo, cuya intención fue hacer un homenaje a los retratos de Man Ray a Marcel Duchamp disfrazado de Rrose Sélavy.

La archivista de Makos me asegura que todos los coleccionistas adinerados de China quieren poseer un Warhol y que también allí las impresiones de Makos se “venden como pan caliente”. Mirando alrededor a todas esas imágenes del artista con pose de joven estrella a lo Faye Dunaway, le comento a Makos que parece atrapado por Warhol. “Sí, pero es una linda prisión”, responde con una sonrisa.

La última vez que nos vimos, Makos mencionó una maleta ubicada en el estante más alto del cuarto de covachas, que había traído de regreso de su viaje a China en 1982 y que no había abierto desde entonces. Estaba reacio a bajarla porque había una cabeza de ciervo disecada y un ukelele que se balanceaban encima. Ahora la había podido recuperar y ofreció abrirla para mí. La bolsa de lona color kaki es de la misma tienda Pekin Friendship donde Warhol, tal como lo consignó en su diario, compró 250 dólares de “material para ideas”.

Dentro había una cápsula del tiempo de su viaje. Había un itinerario del I Club, una chamarra de la producción Made in China de Lee Caplin, una bolsa de mareo de la CAAC (Civil Aviation Administration of China), el aviso de “No molestar” del Hotel Peking, un paquete de cigarrillos Double Happiness, dos números del China Daily, tenedores labrados y un paquete de pasta de dientes Maxims, entre otros efervescentes recuerdos que habrían fascinado a cualquiera en el circulo de Warhol.

En su viaje más reciente, Makos visitó el floreciente distrito de galerías de Beijing y se embelesó con la emoción cinética del lugar. “La escena artística ha cambiado ahí”, reflexiona Makos mientras pasa los dedos por su cabello despeinado. “Es como la escena artística de los años 70 en Nueva York: ¡completamente desquiciada! Si yo fuera un joven en los inicios de su carrera, creo que iría a Beijing a pasear un rato, ¡la energía ahí es espectacular!”. Muchos artistas chinos, anota Makos, son ahora tan prósperos que poseen sus propias fábricas warholianas.

En años recientes, los artistas chinos contemporáneos han vuelto y reelaborado la Revolución Cultural -un tema que les ha ganado duros comentarios de algunos críticos occidentales, como Jed Perl del New Republic, quien mordazmente los ha descrito como una atractiva “Guardia roja elegante” -. Mao se ha convertido en moda, y aún cuando no debiéramos enjuiciar los términos en que los artistas chinos vuelven a las imágenes de la Revolución Cultural – ¿quiénes somos para decir qué deben o no hacer con su propia historia?-, los niveles de apropiación involucrados en ese proceso son fascinantes.

Podría decirse que han acumulado un tipo de sándwich warholiano: los artistas chinos contemporáneos han reconfigurado el régimen totalitario de su juventud tomando prestados los acordes de la iconografía de Warhol.

andy warhol en ChinaEn la puerta de Tiananmen, el acceso a la Ciudad Prohibida donde Mao declaró la República Popular de China en 1949, Warhol se encontró cara a cara con un enorme retrato de Mao. Warhol posó para la cámara de Makos frente a este apropiado ícono, como estampando su firma con su presencia. Luego Makos posó, rígido, con su brazo alrededor de Warhol, para uno de los fotógrafos de la plaza de Tiananmen. “Era una foto en blanco y negro que habrían de entintar a mano después”, explica Makos. “Andy pagó con su dinero, dijo ¨Buena suerte. No volveremos a ver esa foto¨. Tres meses después, ahí estábamos, en perfecto estado, sin las orillas dobladas ni nada”.

Makos aún conserva su fotografía (la de Warhol está archivada en el Museo Andy Warhol de Pittsburgh). Warhol, con Mao sobre su hombro, tiene los mismos labios emborronados que él mismo le puso al dictador. Aún cuando el fotógrafo callejero presumiblemente no pretendió hacerlo, logró, en efecto, warholear a Warhol. Vista ahora, esa imagen de colores artificiales parece encerrar y predecir la relación entre Warhol y China: un redescubrimiento de cada uno de sus íconos que continúa hasta nuestros días.

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