La nueva revolución cultural: arte contemporáneo chino
Marzo 3rd, 2009
Tal como la periodista de arte Barbara Pollack lo descubrió en su reciente viaje a Beijing, la amenaza de la censura artística en China (casi) ha desaparecido.
Barbara Pollack
(Traducción de Carlos Rojas Urrutia)
Este texto fue publicado en inglés en la edición de septiembre del 2008 de la revista Modern painters de Nueva York
“Eso no tiene nada que ver conmigo”, responde Chi Peng de 27 años, una estrella en ciernes del arte en Beijing que no es capaz de entender porqué alguien le está preguntando a él acerca de la censura.
Su falta de interés en el asunto es típica de su generación pero algo sorprendente dado la naturaleza explícita de su serie I Fuck Me -fotografías manipuladas donde el artista aparece desnudo, abrazando a su doble en espacios públicos de Beijing; homoeróticas, espeluznantes e iconoclastas, todo lo que uno supondría encontraría oposición del gobierno chino-. Ese trabajo sólo mereció una respuesta positiva cuando se exhibió en la galería White Space de Beijing en 2007.

Fotografía de la serie I Fuck Me de Chi Peng
En general, hablar de censura en China es un asunto complicado; ahí el internet, el cine y la cobertura informativa son normalmente contralados por las agencias del gobierno; pero no es así en el mundo del arte de este país, donde los artistas han trabajado con relativa comodidad y libertad desde la década pasada.
En la calle 798, donde se ubican White Space y otros 100 espacios para exhibiciones, es fácil ser testigos del mundo en que habita Chi Peng. La nueva China ha permitido que prospere la explosiva escena del arte contemporáneo ofreciéndole algo mas que un poco de aliento. El distrito se somete hoy a una cirugía de rejuvenecimiento, costeada por el gobierno municipal, que construye calles adoquinadas, faroles y cafeterías, con la intención de convertir este neo-Soho en un atractivo turístico.
Eso es muy distinto a la situación que se vivió bajo la mirada de Mao, de 1945 a 1976, cuando la única producción de arte permitida fue la propaganda sin tapujos, dominada por imágenes del presidente conduciendo a los campesinos y trabajadores hacia un brillante y soleado futuro.
Durante décadas, los artistas en China fueron aislados de información acerca de las tendencias del arte occidental y quedaron marginados de realizar trabajos como artistas individuales. Aún peor resultó el periodo de la Revolución Cultural, de 1966 a 1976, cuando las tendencias artísticas e intelectuales contraculturales eran objeto de arresto, ejecución o rehabilitación en la provincia. El fin de esas políticas llegó dramáticamente con la muerte de Mao, en el 76, y con el inicio de la liberación económica que comenzó en los 80.

Pintura de la serie Lolita de Liu Ye
Pero luego de la masacre de la Plaza de Tiananmen en 1989, hubo una nueva ola de medidas represivas del gobierno hacia los artistas.
Únicamente se permitían las exhibiciones de arte oficial, las galerías de arte eran ilegales y con frecuencia los artistas eran arrestados y hostigados por poner a prueba los límites de las reglas oficiales. Sin embargo, con las reformas económicas de finales de los 90, comenzó la apertura de las políticas referentes a la producción artística. Las galerías finalmente pudieron hacer negocio en China a partir de 1996; Beijing y Shanghái fueron las primeras en organizar bienales y los artistas chinos comenzaron a obtener atención internacional.











