En la era de los esclavos del iphone y los amigos en facebook, de las estrategias chick de los gadgets y la (falsa) convicción de que administrar un blog le hace a uno periodista y/o escritor, Gilbert Gil, Reyes Sánchez, Oswaldo Celaya y Carlos Rojas Urrutia, decidimos comenzar la segunda etapa de Ojo Urbano, un sitio donde ofrecemos nuestro concepto de periodismo independiente y de denuncia ciudadana, para abordar los acontecimientos y lugares que hacen de la ciudad de México una metrópoli cosmopolita, monstruosa, fascinante y sin igual.
Claro, esta segunda etapa jamás habría existido sin un nacimiento, producto del trabajo amoroso que compartimos como estudiantes de periodismo con los maestros Miguel Ángel Quemain y Gabriela Bautista; además, con nuestros compañeros Aura Perroni, Tatiana Meneses, Damián Godoy, Karla Cortéz, Fernando Xavier Rodríguez, Mónica Martínez, Rodrigo Villa y Olinda Larralde, queridos amigos que hoy, literalmente, se han esparcido por diversos rincones de nuestra ciudad o país.
Podríamos decir, lector, que lanzamos un mensaje dentro de una botella a las mareas cibernéticas, con la esperanza de que alguno lo reciba y nuestro blog sea un medio que cumpla con la función del periodismo en la que creemos: hacer de la información una herramienta para comprender los orígenes de nuestros males y disfrutar nuestras risas, para mirar los abismos que bordean la historia y el futuro del lugar en que vivimos.
También podríamos decir que somos un grupo de periodistas que esperamos ejercer nuestras profesiones con la dignidad suficiente para demostrar que otro modo es posible. Pero ya Cervantes escribió que para hacer más inteligible el dibujo de un gato, basta con ponerle debajo un anuncio que diga: esto es un gato. Mas o menos con esa soltura, Cortázar nos hizo saber que los gatos son en realidad teléfonos cuyo lenguaje somos incapaces de descifrar (“todo gato es un teléfono pero todo hombre es un pobre hombre”) y, para venir a complicarlo más, Magritte nos puso en la mente una pipa cuyo letrero inseparable dice Esto no es una pipa.
Así pues, para evitar confundirle lector, le avisamos que este sitio es un gato (por lo tanto un teléfono) y definitivamente no es una pipa…